Nueva vida para el mural que Roberto Matta legó a la Expo

30 Jul

No todo van a ser malas noticias en lo que al legado de la Exposición Universal de 1992 se refiere. Cierto es que se ha perdido bastante, que se ha desnaturalizado más aún lo que queda en pie y que no se ha tenido demasiada sensibilidad para con unos activos que, a la postre, no han sido más que pasivos. Pero, muy de vez en cuando, surgen buenas nuevas que dan cierto pábulo a la esperanza.

Es el caso de la recuperación del mural cerámico que realizó el cotizado artista chileno Roberto Matta (1911-2002) para la Expo’92, titulado «Verbo América», que lucía en el vestíbulo de entrada al recinto, entre el final del puente de la Barqueta y el Pabellón de Andalucía. Dividido en dos partes de 20 metros por otros 4,5 de altura, el mural ha padecido los efectos del vandalismo de forma reiterada, presentando su azulejería numerosísimas pérdidas, roturas y degradaciones. «Apenas quedaba un 25% de la obra original», cuentan Carlos Núñez y José León, restauradores de Dédalo, empresa contratada por el Ayuntamiento hace medio año para devolverle el decoro al legado de todo un Premio Príncipe de Asturias a las Bellas Artes (precisamente, lo recibió en 1992), un Roberto Matta del que se cumple ahora su centenario y que está considerado por la crítica artística como el último surrealista.

Se da la paradoja de que fue la ya extinta Delegación de Infraestructuras para la Sostenibilidad, en manos hasta mayo de la IU de Rodrigo Torrijos, la que adjudicó este rescate, la misma que unos meses antes no tuvo mayor problema en llevarse por delante dos metros y medio de uno de los murales a cuenta de las obras del carril bici, también de su competencia. Esto ha obligado a los restauradores a desplazar todo el diseño del mural esos metros a fin de que pueda contemplarse completo. Una «tarea de chinos», como todo el proceso, porque ante tamañas lagunas los expertos han tenido que recurrir a la documentación existente sobre la obra y a fotografías, y no hay muchas, de la misma para poder reintegrar y recomponer tantísimos detalles.

Un pintor ceramista de Mensaque, Antonio Hermosilla, ha restituido todos los elementos cerámicos destrozados con criterio patrimonial, es decir, dejando patente qué partes son de nuevo cuño y cuáles las originales (éstas por lo general cuarteadas o agrietadas, aunque ahora debidamente consolidadas). Para ello se ha usado la misma técnica de cuerda seca que en su día ejecutó la ceramista Yoko Akabane por encargo de Matta.

El grafitero Sedeka le ha dado al conjunto el toque final con sus espráis. No se ha inventado nada. Ha grafiteado con fotos para ser lo más fiel posible a la creación original.

La restauración, presupuestada en 60.000 euros, no ha tenido inauguración. Simplemente se ha acabado y ahí está el mural, reluciente, pero sin lámina de agua, que la tenía. «Hemos recomendado que se reponga porque algo proteje a la obra», cuentan los restauradores, que también aconsejan que haya vigilancia y que, cuando se pueda, se regeneren las fuentes adyacentes, un vertedero a sólo 20 metros de la parada de los buses turísticos… «A ver cuánto le dura al mural de Matta esta segunda vida», se preguntan.

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